¿Qué entendemos por autoexigencia? ¿Es buena o mala? ¿Cómo puedo saber si soy demasiado autoexigente? A continuación, vamos a intentar dar respuesta a algunas de estas preguntas.
¿QUÉ ES LA AUTOEXIGENCIA?
Es la capacidad que tenemos de exigirnos a nosotros mismos. Hasta ahí todo genial, pero entonces, ¿Dónde está el problema? Pues bien, el problema está en que normalmente esa autoexigencia es desmedida, nos exigimos más de lo debido y además lo hacemos tratándonos muy mal. Tanto, que si no conseguimos lo propuesto nos machacamos.

Cuando esto repite e incluso se hace nuestra forma de vida esta autoexigencia, que bien acotada podría ser positiva, se convierte en algo autodestructivo. Alguno de los factores que envenenan nuestra autoexigencia son:
- El perfeccionismo extremo.
- La necesidad de sentirnos productivos todo el tiempo, en la que vivimos inmersos.
- La falta de autoestima, que compensamos haciendo cosas.
- La necesidad de aprobación de los demás a través de la cantidad/calidad de cosas que hacemos.
Sin embargo, y por suerte, todo esto se puede trabajar a nivel psicológico. Fundamentalmente, consiste en hacernos conscientes de estos patrones autodestructivos que aparecen en nuestra mente. Por ejemplo, el perfeccionismo extremo, nos trae pensamientos del tipo: «tienes que terminarlo todo hoy, si no, no te vas a quedar tranquila» y aquí es donde restamos tiempo a nuestro ocio o a nuestro descanso para hacer cosas que realmente no eran imprescindibles de hacer en ese preciso instante. Otro ejemplo, ahora de la necesidad de sentirnos productivos, sería «No me gusta descansar cuando llego a casa porque siento que pierdo el tiempo, y he aprovechado para poner una lavadora», en este caso, nos olvidamos de que descansar está bien, es necesario. No concedérnoslo nos lleva poco a poco a un cansancio constante que nos hace estar cada vez más apagados, más irascibles y más distantes con todos.
Cuando nos encontramos con el autoestima baja y tendemos a no valorarnos, podemos pensar cosas del tipo «Sé que no tengo el talento necesario para este trabajo, pero si hago muchas cosas y todos los favores que me pidan, no me echarán».
En este ejemplo, es probable que terminemos de destruirnos porque acabaremos haciendo cosas que no queremos, más de las que queremos y a un ritmo que difícilmente soportaremos. Lo que nos terminará llevando a problemas emocionales más serios. Por último, la sociedad, nos impone un ritmo vertiginoso de trabajo, «ser productivos al extremo está bien, nos dice la sociedad». Tanto es así, que por lo general cuando alguien trabaja mucho suele estar bien visto.
Esto nos lleva a competir contra el compañero o compañera que también trabaja mucho y a tener pensamientos de «si lo hago mejor que él o ella, si consigo que sea perfecto lograré el ascenso», y está bien, pero lo que conseguimos es crear un clima de competición no sana, en donde prima el individualismo y el rechazo al rival.
Esto nos llevará nuevamente a estados frenéticos de estrés por terminar tareas de trabajo, a no dejar de pensar en ideas para mejorarlo y sobre todo nos va a alejar de hacer planes, de disfrutar de ser queridos y de sentir que no tenemos tiempo de nada.
¿Y tú que opinas de la autoexigencia? ¿Sabes mantenerla en un lugar positivo o te hace daño?
Ángela Medina Peñalver,
psicóloga general sanitaria.